Ir al contenido principal

Entradas

mi primer beso

Me hubiera gustado tanto que mi primer beso supiera a cereza. No me refiero al sabor artificial de los labiales que tanto le gusta usar a la gente, sino más bien al chupetín de cereza. Ese sabor dulce y cálido, un poco pegajoso e invasivo. Que, al encontrarse nuestras bocas, nos hubiera dado ganas de quedarnos ahí hasta que lo único que quedara de la cereza fuera el color, en los labios. Me hubiera gustado que mi primer beso supiera a cereza y comodidad, como esos besos de bienvenida que dicen a gritos “¡te extrañé!” y que el cuerpo va reconociendo a cada segundo que pasa mientras los labios se acarician mutuamente. Quisiera que mi primer beso me hubiera hecho exclamar “ahora sí” interiormente. Me hubiera gustado que mi primer beso supiera a cereza, comodidad y a bichitos de luz en la panza. Que me sintiera resplandeciente por dentro y que me diera ganas de incendiar   el mundo para comérmelo luego de cenar como postre, pero al mismo tiempo pudiera sentirme cálida y dulce,...

cuando me siento mal

cuando me siento  mal lo que más me gusta hacer es escribir poesía me gusta convertir la tristeza en versos que se confundan con belleza me quito el sabor amargo de la boca llenándola de palabras hermosas me consuelo con la sintaxis perfecta de las oraciones bien construidas y así es como,  al final del día, luego de llorar a mares canciones tristes, las palabras me llevan  a la cama y me arropan al escribir un poema.

Condicional simple

  En un día como hoy, así de ventoso y soleado con el cielo decorado por nubes de una blancura impoluta, como me gusta a mí, mando ese mensaje que siempre pensé mandar. Lo invito a salir y, sorpresivamente, me dice que sí con entusiasmo. Nos reunimos en un café de esos chiquitos y en calles vacías a los que casi nadie va, pues tengo la teoría de que más de la mitad de ellos fueron inaugurados para ocasiones como esta, para ser el lugar especial de varios.   En el camino de ida me tomo el micro con manos que no saben hacer más que sudar y temblar como un par de gelatinas; tanto que casi se me cae la sube cuando la apoyo en el lector. Viajo sentada mirando a través de la ventana intentando hilar alguno de los pensamientos que se me escapan como harina por el agujero de un costal. Fracaso todas las veces, no soy capaz de pensar con claridad en este torbellino mental que va cada vez más rápido.   Miro el reloj repetidas veces, demasiadas. Más de lo que recuerdo hab...

Opia

OPIA: es el nombre dado a la intensa sensación de una invasiva energía que sentimos cuando participamos de un mutuo contacto visual con alguien más. Y ella era la reina de quedarse mirando. Disfrutaba de recorrer con la vista a los demás sin malicia, con la curiosidad de un niño pequeño y la intensidad con la que alguien lo haría si estuviera a escondidas. Es que solía pasar desapercibida. Entonces, revolcándose en su propia invisibilidad, convertía a cualquier individuo digno de su atención en un festín para sus ojos. Repasaba varias veces cada gesto y postura; cada lunar y cada cabello. Tan experta se había vuelto en el campo que casi nunca cruzaba miradas con alguien por más de una milésima de segundo. Y, cuando lo hacía, optaba por mirar hacia otra parte solo con tal de no ser descubierta. Ella formaba parte de ese reducido grupo de seres en el mundo que miraba por el simple placer de hacerlo. No la movía ningún interés particular, no buscaba conseguir ningún tipo de atención...

102

abro el cajón y saco una remera tu aroma me asalta y me toma desprevenida como si el solo hecho de que una prenda lleve tu perfume sea tan criminal como un asalto y no voy a decir que no. si te extraño tanto que todavía tengo esa foto que tanto odiabas en mi billetera y si, aún después de todo este tiempo, todavía me acuerdo de todas la noches en las que compartimos la almohada y yo fingía quedarme dormida primero para observarte sin culpa, sin miedo y sé que todo es diferente ahora, pero nunca me quisiste como yo te quise y está bien, yo te escuché hablar de ella hasta el cansancio si con que atendieras mis llamadas a la 1.02 de la mañana y escuchara tu voz, todo estaba bien. Escrito el martes 21 de marzo, 2017

Desire.

Despierto envuelta en las cobijas y con una jaqueca que me atraviesa el cráneo como si hubiera recibido un hachazo. Resaca. Maldigo por lo bajo mientras me incorporo y camino al baño. Cada paso que doy me retumna en la cabeza y lucho contra el impilso de vomitar que me ataca al cepillarme los dientes. Esquivo mi propia mirada en el espejo. No quiero ni ver qué pinta tengo. No consigo recordar la secuencia de la noche anterior. Hago un esfuerzo y una imagen consigue formarse en mi mente. Estoy subierndo la escalera a los trompicones con una mano dentro del bolso intentando dar con la llave de mi departamento. La imagen queda en negro, nada más parece querer asomarse para darme pistas de cómo fuer que llegué a mi casa sana y salva. Algo dentro de mí se retuerce. Una especie de nudo se me ha formado en el pecho. Una sensación de pánico me embarga y temo por primera vez desde que desperté por las cosas de las que pude haber sido capaz a altas horas de la madrugada y bajo los efectos d...

Una ola.

Una ola. Una laguna. Una sábana blanca me cubrió la concentración. Se vió alterado el normal funcionamiento de la sinapsis de mis neuronas. Me alelé. Me atonté. Mis pensamientos y posibles respuestas a tus comentarios decidieron irse de paseo por el mar de tus ojos café en cuanto me dispuse a dejarlos salir por mi boca. Nada más existió. Te escuché atentamente y contesté cuando podía. Cuando tu mirada insistente me lo permitía. Cuando me atrevía a bajar la mirada. Un cosquilleo en el estómago. Te miro sin pestañear, no me quiero perder un detalle tuyo. Me devolvés la mirada, desafiante. Me preguntás si estoy bien en un tono que suena más dulce que cualquier canción de cuna que escuché alguna vez. Bromeo. Cómo no voy a estar bien, si estás vos. Una ola. Sonreís y me abrazas. Me paralizo por un segundo. Nunca sé cómo corresponder a los abrazos que me toman por sorpresa. Boluda, me reprende mi cerebro, que se cree que la atolondrada de mí llega tarde a todos lados. Una ola. Me arras...